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Eres lo que crees que eres

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Las personas tenemos dentro de nosotras mismas grandes recursos para ser felices y para alcanzar nuestros sueños. Muchas personas pasan años de su vida buscando un tesoro en el lugar equivocado.

Todas tus fortalezas están dentro de ti pero en ocasiones, lo más evidente es lo más invisible a los ojos. Hasta que un día, en el momento más inesperado, se produce el despertar de la conciencia infinita. Como explica Kant «el sabio puede cambiar de opinión, el necio nunca».

La vida es una aventura que merece la pena disfrutar, afrontar el vértigo ante el mañana por un futuro incierto y comenzar a hacer frente a la existencia desde la plenitud de la presencia que surge del contacto con el aquí y el ahora.

Ha llegado el momento de liberar las cadenas, de tirar por la borda todo ese lastre de pensamientos negativos que te condicionan y esa imagen falsa de ti porque todavía estás a tiempo de descubrir a tu verdadero yo: eres una persona única, especial, genuina y diferente. No renuncies a tu verdadera esencia.

Eres lo que crees que eres porque las creencias nos mueven y forman parte de nuestro modo de interpretar la realidad, de la forma en la que nos vemos a nosotros mismos y de las relaciones personales. Por suerte, las creencias no son algo fijo e inamovible sino que siempre estamos a tiempo de hacer cambios para mejorar.

¿Cuál es tu creencia limitante? ¿Esa idea que limita tu potencial y que se ha convertido en un obstáculo para tu desarrollo y tu bienestar? Gracias a un proceso de coaching cualquier persona puede descubrir su talento interno porque los límites no están en la realidad sino en la mente.

Como consecuencia de la interpretación que hacemos de ciertas experiencias terminamos sacando verdades absolutas que en realidad, son totalmente subjetivas. Es importante eliminar del diálogo interior frases de carácter absoluto que estén marcadas por las palabras siempre, nunca, todo o nada.

Eres mucho más que aquello que crees y todavía estás a tiempo de descubrirte a ti mismo y practicar el autoamor.

Imagen: Laive