Ver, escuchar, entender - Curso Coaching Madrid

Ver, escuchar, entender

Ventajas emocionales de hacer ejercicio físico
22 julio, 2014
La empatía o cómo transmitir emociones
23 julio, 2014

Autor: Jesús Mª Martínez del Rey

He repasado una interesante conversación entre Risto Meijide y el psiquiatra Luis Rojas Marcos. Esta conversación está incluida en la serie Viajando con Chester, emitido por la 6ª. El que fuera polémico periodista ha mostrado en esta serie de entrevistas, un evidente cambio de identidad. Esta evolución de pensamiento queda plasmada en esta frase, comentada por Risto a Rojas Marcos: “me enamoro de la gente que me ayuda a cambiar de opinión.”

Contundente afirmación de quien ha sido un gran provocador, cuyas opiniones  encumbraban o echaban por tierra a muchos aspirantes a la fama.

ver-escuchar-entenderTener razón nos proporciona un enorme placer. Nos reafirma en lo que pensamos. Entra en juego nuestro ego. Nuestro narcisismo nos lleva a pensar que “mi opinión soy yo”. Sin embargo, nuestra opinión no forma parte esencial de nuestra identidad. Podemos cambiarla y seguir siendo nosotros mismos.

León Felipe, el “poeta pobre, viejo y feo”, como se definía, dejó escrito: “el pensamiento no pude tomar asiento. El pensamiento es estar siempre de paso”. Luis Eduardo Aute pondría música a estos versos, que son toda una hermosa invitación a pensar diferente, a aceptar lo que otros piensan, a escuchar (y escucharnos). Pero nos encanta aferrarnos a tener razón, con la misma intensidad que nos hacemos adictos a la nicotina. Y frases como: “de acuerdo, tienes razón”, nos cuesta un mundo pronunciarlas, como si de ello dependiera nuestra vida y nuestra hacienda.

La culpa siempre es del otro. Nos lo enseñaron desde pequeñitos. Si un día tropezábamos con una mesa y nos caíamos, mamá o el abuelo decían para consolarnos: “mala, mesa mala, has golpeado a mi niño”, mientras daban dos azotes a la pata de la mesa. Y la mesa ni se quejaba, pero nosotros ya sabíamos que la culpa era de ella, de aquel objeto inanimado. Y con eso hemos ido creciendo.

Sin que suene a justificación: ¿se nos educa desde pequeños para debatir, para dialogar, para escuchar, para asumir que no siempre tenemos razón? ¿Se nos educa para hablar y debatir en público, sin interrumpirnos, como hacen los tertulianos televisivos? Y no hacemos otra cosa que imitar aquellos que vemos.

Creo/ que el mejor regalo/que puedo recibir/de alguien/es/ que me vea,/que me escuche,/que me entienda/ y/ que me toque.

El mejor regalo/ que puedo dar/ es/ ver, escuchar, entender/y tocar/ a otra persona.

Cuando he hecho esto,/siento/ que se ha establecido contacto. (Virginia Satir, El contacto íntimo, 1998)